Luz y Vida

Ahora siento que la muerte se materializa muy cerca. Sin embargo, eso de alguna forma me ha movilizado. He pensado que despreocuparme de trivialidades me hará más llevadero el camino recorrido y me permitirá centrarme en aquello a lo que yo suelo llamar cosas que me “dan luz y vida” y a veces las sostengo muy sutilmente, sin saborear bien lo que encierran.

Este contacto cercano, sin duda experiencia límite para muchos/as, me está reconectando aún más con mis sueños, ideales, proyectos futuros o inacabados que di por imposibles. También, cómo no, con miedos, recuerdos dolorosos e incertidumbre entre otros. Pero me he dado cuenta que no es tanto el hecho de sentirme bien, sino SENTIR BIEN. Sentir lo que estoy experimentando sin enjuiciarme, observarlo y tomar conciencia de mí y cuando lo haya hecho dejar ir lo que ya no es.

En definitiva, con quien soy y qué quiero hacer y a veces por falta de tiempo, de empuje o miedo no llevo a término. Mi conexión individual conmigo misma, hace que afloren SENTIMIENTOS DORMIDOS QUE NO ESTARÍAN SI NO HUBIERA ADVERSIDAD. Parece que el ser humano a veces necesita sentirse junto al abismo de una cascada para elegir si quiere aferrarse a una roca y permanecer en ese agua estancada o a veces demasiado turbulenta o saltar y conocer nuevos cauces por los que fluir y ser.

Saldremos teniendo la misma esencia, pero no la misma mirada, ni la misma historia. Habrá nuevas heridas y otras que en la soledad de nuestras casas habrán sanado, y estará bien. Será lo que hemos tenido apertura de que suceda. Y con todo eso buscaremos de nuevo reconocer y conocer y también estará bien, si permitimos que el juez más severo que llevamos dentro no dicte sentencia de cómo lo hicimos. Y si tenemos que llorar, lloraremos, pero tampoco será eterno. Elegir nuestra actitud de afronta ante la situación será sin duda la brújula que nos guíe.